"Se decía que era una luciérnaga. Brillante en la opacidad, lustroso en la oscuridad, certero en la ambigüedad, constante en los altibajos, regularmente decisivo en la indecisión, firme en la duda, persistente en la inacción"

 

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sapphire-ring:

Synchro Summon (Unofficial Title)


The first version of Yusei’s theme that was never released. This was fan made, mostly, re-created by ear. Unfortunately, I never saved the source. Really good, in my opinion.

joludi:

All Cohaerence is Gone

Marta me pregunta por qué la Teoría de la Relatividad se llama de esa manera tan misteriosa. Es una buena cuestión. Intento respondérsela como puedo, pues me parece un interesante desafío. Le pido que me conceda tan solo el tiempo de terminar el primer plato de la cena. Y le prometo callarme religiosamente después. 
Le empiezo, sí, diciendo que Relatividad es un nombre no muy bien escogido. El modelo de Einstein se podría haber denominado con una docena de nombres más apropiados, es cierto. Pero es verdad que “relatividad” es un nombre que tiene un profundo sentido y el que mejor ayuda a comprender esta nueva forma de entender la realidad física.
El punto de partida para entender la dichosa (o no tan dichosa) denominación no es Einstein, sino Galileo. Fue el sabio italiano quien comprendió que el movimiento de las cosas es algo muy engañoso. Se dio cuenta de que no podemos comprobar experimentalmente que una cosa se está moviendo…a no ser que recurramos a la relación de esa cosa con otras cercanas o lejanas. No existen puntos fijos en el Universo. No hay un marco de coordenadas único que podamos compartir nosotros los terráqueos y, digamos, los habitantes de Alfa Centauri. Por ello, el movimiento en sí mismo es indetectable; y si es indetectable no existe en sí mismo como realidad física (como la famosa tetera espacial de Bertrand Russell). Esta fue la primera de las grandes genialidades de Galileo.
Es verdad que podemos concebir el movimiento de un objeto como relación con otro objeto, pero chocamos entonces con el hecho de que ese otro objeto tampoco tiene algo que podamos detectar empíricamente como movimiento o como quietud. ¿Entonces? La verdad es que no podemos explicar algo mediante algo que es igualmente inexplicable…
Y sin embargo, como diría el propio Galileo, las cosas parecen moverse, de eso no cabe duda. Entonces habría que concluir que ese movimiento es más bien una característica del espacio, y no una característica de las cosas. No hay otra.
Imaginemos una lámina de goma en la que hemos dibujado objetos diferentes: una casita, un árbol, una bicicleta con alguien pedaleando. Si estiramos o encogemos apropiadamente la lámina elástica, parecerá que la bicicleta se acerca a la casa pasando delante del árbol. Eso nos hará sentir que estamos ante un viaje de alguien hacia su hogar, situado junto a un lindo arbolito. Pero nosotros, que tenemos la lámina de goma en la mano, sabemos que ninguna de esas cosas se ha movido. Son objetos estáticos, meros dibujos inmóviles por siempre. Lo que se ha modificado es el espacio en el que se encontraban (gracias a nuestra manipulación). 
Esta metáfora de la lámina de goma es muy apropiada para entender cómo queda el mundo cuando empezamos a entender que el movimiento en sí mismo no existe, sino que lo que creemos ver cuando las cosas se mueven es en realidad una modificación del espacio en el que se encuentran. Una modificación en la que los físicos ven la aparición de algo a lo que llaman campos de fuerza (fuerza electromagnética, como la que mueve la aguja de una brújula; fuerza gravitatoria, como la que hace caer un objeto al suelo…). Esta noción de campos de fuerza es justamente la clave de la nueva noción del universo físico einsteniano y en particular del espacio relativista. No hay un espacio ni un movimiento absoluto, sino tan solo campos de fuerza que surgen y desaparecen y que con ello afectan a los diferentes objetos, desplegando ante nosotros la ilusión del movimiento, la ilusión del espacio y la ilusión del tiempo. Campos de fuerza que empezaron siendo tan solo una noción abstracta, un modelo matemático, pero que acabaron convirtiéndose en la verdadera entidad “real” que da sustancia al mundo físico. Así es. Vivimos en un mundo compuesto por campos de fuerza. Y estos son tan reales como cualquier otra cosa que queramos ver como real. O más reales, si cabe.
Y puestos a acabar con lo absoluto, tampoco debemos tener contemplaciones con el tiempo; por razones similares debemos desechar su concepción clásica. El tiempo sería algo absoluto sí y solo si pudiéramos imaginar millones de pequeños relojes dispersos por todo el Universo, moviendo sus agujas de una forma sincrónica. Pero, vaya, ya hemos vuelto a utilizar para definir el tiempo el verbo “mover”  (lo cual es lógico pues no tiene sentido concebir el tiempo como algo ajeno al movimiento, al cambio de los objetos que nos rodean). Y habíamos quedado en que la idea del movimiento es, en términos absolutos, una ficción. 
Por lo tanto, si vinculamos el tiempo al movimiento, también debemos renunciar a su carácter absoluto. El tiempo absoluto es algo tan ilusorio como el movimiento absoluto o como el espacio absoluto.
Esta relativización de las cosas que considerábamos absolutas (movimiento, espacio, tiempo…) es el punto de partida intuitivo sobre el que Einstein levanta el impresionante edificio de su teoría. Por lo tanto, en cierto modo, sí es más que apropiado llamarla Teoría de la Relatividad, aunque sea un nombre nada seductor y un factor evidente de confusión. Ocurre por cierto algo parecido con el hecho de que el núcleo de esa teoría sea la idea de que hay una velocidad máxima para los objetos y que esta sea precisamente “la velocidad de la luz”. En realidad, no es muy apropiado decir que la velocidad de la luz es el límite para la rapidez de las cosas. Sería más preciso decir que existe un cierto límite físico a lo que nosotros entendemos por velocidad, y que ese límite físico no puede ser siquiera superado por aquello que parece tener una velocidad mayor, que es, por cierto, “casualmente”, la luz. Pero esto ya es otra historia.
Tiempo, movimiento, espacio, velocidad…Einstein, siguiendo el camino del genial Galileo, se atrevió a verlo todo de forma radicalmente diferente. Y acertó a relativizarlo todo, inaugurando una nueva era para la Humanidad en la que no solo la realidad física aparente ha perdido su carácter absoluto…
La verdad es que todo esto es algo que ya habían intuido hacía mucho los poetas, esos legisladores del mundo. Por ejemplo lo había atisbado John Donne, a quien Samuel Johnson ya veía como el poeta (meta)físico por excelencia. Donne se atrevió a especular sobre la anatomía del mundo, y tituló precisamente así “An Anatomy of the World” uno de sus más memorables poemas. Anatomía del Mundo podría haber sido una denominación más apropiada para la Teoría que levantó Einstein. Porque lo que hizo Einstein fue justamente penetrar con insolencia en la realidad profunda de las cosas, más allá de ese land of dreams o tierra de sueños que nos presentan las apariencias, usando también otra hermosa expresión de Donne.
Merece la pena evocar Anatomy of the World, porque está escrito hace cuatro siglos, justo unos meses después de que Galileo publicara sus primeras observaciones sobre la nueva concepción del mundo. En las breves líneas del poema (yo diría que incluso que en la forma en que el poeta nos mira desde su famoso retrato de la Tate Gallery), está implícito el programa de trabajo de la física moderna y quizá, ay, del mundo contemporáneo como un todo:

“…y la nueva filosofía pone todo en duda…los hombres afirman que este mundo se ha desvanecido…y buscan otros nuevos…al ver que este se ha derrumbado sobre sus propios átomos…Y todo está hecho pedazos, perdida toda cohesión, todo justo soporte y toda relación…”

joludi:

All Cohaerence is Gone

Marta me pregunta por qué la Teoría de la Relatividad se llama de esa manera tan misteriosa. Es una buena cuestión. Intento respondérsela como puedo, pues me parece un interesante desafío. Le pido que me conceda tan solo el tiempo de terminar el primer plato de la cena. Y le prometo callarme religiosamente después. 

Le empiezo, sí, diciendo que Relatividad es un nombre no muy bien escogido. El modelo de Einstein se podría haber denominado con una docena de nombres más apropiados, es cierto. Pero es verdad que “relatividad” es un nombre que tiene un profundo sentido y el que mejor ayuda a comprender esta nueva forma de entender la realidad física.

El punto de partida para entender la dichosa (o no tan dichosa) denominación no es Einstein, sino Galileo. Fue el sabio italiano quien comprendió que el movimiento de las cosas es algo muy engañoso. Se dio cuenta de que no podemos comprobar experimentalmente que una cosa se está moviendo…a no ser que recurramos a la relación de esa cosa con otras cercanas o lejanas. No existen puntos fijos en el Universo. No hay un marco de coordenadas único que podamos compartir nosotros los terráqueos y, digamos, los habitantes de Alfa Centauri. Por ello, el movimiento en sí mismo es indetectable; y si es indetectable no existe en sí mismo como realidad física (como la famosa tetera espacial de Bertrand Russell). Esta fue la primera de las grandes genialidades de Galileo.

Es verdad que podemos concebir el movimiento de un objeto como relación con otro objeto, pero chocamos entonces con el hecho de que ese otro objeto tampoco tiene algo que podamos detectar empíricamente como movimiento o como quietud. ¿Entonces? La verdad es que no podemos explicar algo mediante algo que es igualmente inexplicable…

Y sin embargo, como diría el propio Galileo, las cosas parecen moverse, de eso no cabe duda. Entonces habría que concluir que ese movimiento es más bien una característica del espacio, y no una característica de las cosas. No hay otra.

Imaginemos una lámina de goma en la que hemos dibujado objetos diferentes: una casita, un árbol, una bicicleta con alguien pedaleando. Si estiramos o encogemos apropiadamente la lámina elástica, parecerá que la bicicleta se acerca a la casa pasando delante del árbol. Eso nos hará sentir que estamos ante un viaje de alguien hacia su hogar, situado junto a un lindo arbolito. Pero nosotros, que tenemos la lámina de goma en la mano, sabemos que ninguna de esas cosas se ha movido. Son objetos estáticos, meros dibujos inmóviles por siempre. Lo que se ha modificado es el espacio en el que se encontraban (gracias a nuestra manipulación). 

Esta metáfora de la lámina de goma es muy apropiada para entender cómo queda el mundo cuando empezamos a entender que el movimiento en sí mismo no existe, sino que lo que creemos ver cuando las cosas se mueven es en realidad una modificación del espacio en el que se encuentran. Una modificación en la que los físicos ven la aparición de algo a lo que llaman campos de fuerza (fuerza electromagnética, como la que mueve la aguja de una brújula; fuerza gravitatoria, como la que hace caer un objeto al suelo…). Esta noción de campos de fuerza es justamente la clave de la nueva noción del universo físico einsteniano y en particular del espacio relativista. No hay un espacio ni un movimiento absoluto, sino tan solo campos de fuerza que surgen y desaparecen y que con ello afectan a los diferentes objetos, desplegando ante nosotros la ilusión del movimiento, la ilusión del espacio y la ilusión del tiempo. Campos de fuerza que empezaron siendo tan solo una noción abstracta, un modelo matemático, pero que acabaron convirtiéndose en la verdadera entidad “real” que da sustancia al mundo físico. Así es. Vivimos en un mundo compuesto por campos de fuerza. Y estos son tan reales como cualquier otra cosa que queramos ver como real. O más reales, si cabe.

Y puestos a acabar con lo absoluto, tampoco debemos tener contemplaciones con el tiempo; por razones similares debemos desechar su concepción clásica. El tiempo sería algo absoluto sí y solo si pudiéramos imaginar millones de pequeños relojes dispersos por todo el Universo, moviendo sus agujas de una forma sincrónica. Pero, vaya, ya hemos vuelto a utilizar para definir el tiempo el verbo “mover”  (lo cual es lógico pues no tiene sentido concebir el tiempo como algo ajeno al movimiento, al cambio de los objetos que nos rodean). Y habíamos quedado en que la idea del movimiento es, en términos absolutos, una ficción. 

Por lo tanto, si vinculamos el tiempo al movimiento, también debemos renunciar a su carácter absoluto. El tiempo absoluto es algo tan ilusorio como el movimiento absoluto o como el espacio absoluto.

Esta relativización de las cosas que considerábamos absolutas (movimiento, espacio, tiempo…) es el punto de partida intuitivo sobre el que Einstein levanta el impresionante edificio de su teoría. Por lo tanto, en cierto modo, sí es más que apropiado llamarla Teoría de la Relatividad, aunque sea un nombre nada seductor y un factor evidente de confusión. Ocurre por cierto algo parecido con el hecho de que el núcleo de esa teoría sea la idea de que hay una velocidad máxima para los objetos y que esta sea precisamente “la velocidad de la luz”. En realidad, no es muy apropiado decir que la velocidad de la luz es el límite para la rapidez de las cosas. Sería más preciso decir que existe un cierto límite físico a lo que nosotros entendemos por velocidad, y que ese límite físico no puede ser siquiera superado por aquello que parece tener una velocidad mayor, que es, por cierto, “casualmente”, la luz. Pero esto ya es otra historia.

Tiempo, movimiento, espacio, velocidad…Einstein, siguiendo el camino del genial Galileo, se atrevió a verlo todo de forma radicalmente diferente. Y acertó a relativizarlo todo, inaugurando una nueva era para la Humanidad en la que no solo la realidad física aparente ha perdido su carácter absoluto…

La verdad es que todo esto es algo que ya habían intuido hacía mucho los poetas, esos legisladores del mundo. Por ejemplo lo había atisbado John Donne, a quien Samuel Johnson ya veía como el poeta (meta)físico por excelencia. Donne se atrevió a especular sobre la anatomía del mundo, y tituló precisamente así “An Anatomy of the World” uno de sus más memorables poemas. Anatomía del Mundo podría haber sido una denominación más apropiada para la Teoría que levantó Einstein. Porque lo que hizo Einstein fue justamente penetrar con insolencia en la realidad profunda de las cosas, más allá de ese land of dreams o tierra de sueños que nos presentan las apariencias, usando también otra hermosa expresión de Donne.

Merece la pena evocar Anatomy of the World, porque está escrito hace cuatro siglos, justo unos meses después de que Galileo publicara sus primeras observaciones sobre la nueva concepción del mundo. En las breves líneas del poema (yo diría que incluso que en la forma en que el poeta nos mira desde su famoso retrato de la Tate Gallery), está implícito el programa de trabajo de la física moderna y quizá, ay, del mundo contemporáneo como un todo:

“…y la nueva filosofía pone todo en duda…los hombres afirman que este mundo se ha desvanecido…y buscan otros nuevos…al ver que este se ha derrumbado sobre sus propios átomos…Y todo está hecho pedazos, perdida toda cohesión, todo justo soporte y toda relación…”

(Source: joludi)

heartcontainers:

Made completely in Photoshop. One continuous image, you can click the below link to see it without the blank space splitting it:

http://imgur.com/gallery/RLDlQcb

Today was really uneventful, so I had time to make something quickly. Thanks to Freya for giving me the idea to make something like this. She suggested I design a view of the surface of the earth with the milky way above it in space and I just sort of went with it and ended up with this. Took about 2 hours all in all.

Anyway, I guess this is an apocalyptic thing with a super nova or expanding star near the bottom and random asteroids coming to rape earth’s churches and burn its women. I wanted to do more with this, but I started getting frustrated and just saved and uploaded it like it is.

iwasoutforstars:

rabidauthor:

trashy-prince:

2srooky:

shanellbklyn:

x-cunt-hunter-x:

kxngvxgitx:

cold-fury:

One of the best moments of my childhood.

BITCH

ZERO HAD ZERO FUCKS

I can’t even tell you how excited I was that they turned this book into a movie and it was good

I literally have absolutely no complaints with the movie at all. Once, my friend and I did comparisons from the book and the movie, and we found the only major difference was the fact that Stanley wasn’t heavy set when he arrived at the camp in the movie. The majority of the script is raw quotations from the book.
This is my favorite book to movie adaptation and it did everything Percy Jackson, Inkheart, and The Golden Compass didn’t.

yesss this was such a good book and film

And the only reason Stanely wasn’t heavy set was because in the book he loses tons of weight and eventually ends up being almost thin. The director said he didn’t want to force an adolescent boy to lose weight on such a quick filming schedule, and L’bouf’s audition was so spot on, that they decided to go with a thinner Stanely from the beginning

genuinely the best film adaptation of a book i’ve ever seen 

"The dialogue in Taxi Driver is somewhat improvised. The most memorable piece of dialogue in the film is an improvisation: the “Are you talking to me?” part. In the script it just says Travis speaks to himself in the mirror. Bobby asked me what he would say, and I said, “Well, he’s a little kid playing with guns and acting tough.” So De Niro used this rap that an underground New York comedian had been using at the same time as the basis for his lines." - Paul Schrader [x]

(Source: robertdeniro)

fuckyeahmexico:

wnksv:

La Bufadora, Ensenada, B.C. México

En la península de Punta Banda, 35 kilómetros al sur de la ciudad de Ensenada se localiza uno de los atractivos naturales más imponentes de la región: La Bufadora, un geiser marino de los más grandes del mundo. Dicho geiser es provocado por el rompimiento de las olas contra una cueva que se encuentra en la parte baja del acantilado, alcanzando una altura de hasta 20 metros.

Cada año cientos de ballenas grises emigran a las frías aguas del norte hacia las tibias aguas del sur; cuenta la leyenda que hace mucho tiempo en una de esas migraciones, una ballena bebé se separó del grupo para curiosear en las costas. En su andar quedó atorada entre las rocas en busca de ayuda decidió lanzar un chorro de agua y después otro más grande y así sucesivamente. Con el tiempo esta ballena se convirtió en piedra hasta fusionarse con las rocas del lugar.

friendly-giant-mushroom:

castielyousonofabitch:

postmodernismruinedme:

vardaesque:

unusualjourney:

what-rabbit-hole:

“some historians think that michelangelo was drawing god in a human brain. very few people knew what one looked like at the time; but michelangelo had dissected cadavers and would have known. it even has the hint of a brain stem. if true this would have been a great “fuck you” to the pope whom he was not friendly with but also would have meant god was in a human brain, or created by man.”

Interesting.

also michelangelo painted a baby angel flipping off the pope

image

the blond one, you see his right hand? that’s called the fig and it’s an old world european gesture for ‘fuck you” because apparently Pope Juluis II was a total raging asshole and everyone hated him

but nobody ever noticed this little fucker because the ceiling was so high

and then thirty years later they called michelangelo back to paint the wall behind the altar and he wasted no time in painting the gates of hell behind the pope’s chair

what a badass

It amuses me to this day how much Michelangelo hated his job

He was like the Renaissance Robert Pattinson

homerorios:

10.6   s e g u n d o s (Crónica)

Menos de once segundos antes, cuando el jugador argentino recibe el pase de un compañero, el reloj en México marca las trece horas, doce minutos y veinte segundos. En la escena central hay también dos británicos y un hombre algo mayor, de origen tunecino. El deporte al que juegan, el fútbol, no es muy popular en Túnez. Por eso el africano parece el único que no está en actitud de alarma atlética.

Se llama Alí Bin Nasser y, mientras los otros corren, él camina despacio. Tiene cuarenta y dos años y está avergonzado: sabe que nunca más será llamado a arbitrar un partido oficial entre naciones.

También sabe que si, doce años antes, cuando se lesionó en la liga tunecina, le hubieran dicho que estaría en un Mundial, no lo habría creído. Tampoco la tarde en que se convirtió en juez: en Túnez no es necesario, para acceder al puesto, más que tener el mismo número de piernas que de pulmones.

Cuando dirigió su primer partido descubrió que sería un árbitro correcto. Fue más que eso: logró ser el primer juez de fútbol al que reconocían por las calles de la ciudad. Lo convocaron para las eliminatorias africanas de 1984 y su juicio resultó tan eficaz que, un año más tarde, fue llamado a dirigir un Mundial.

En México le pedían autógrafos, se sacaban fotos con él y dormía en el hotel más lujoso. Había arbitrado con éxito el Polonia-Portugal de la primera fase, y vigilado la línea izquierda en un Dinamarca-España en donde los daneses jugaron todo el segundo tiempo al achique; él no se equivocó ni una sola vez al levantar el banderín.

Cuando los organizadores le informaron que dirigiría un choque de cuartos —nunca un juez tunecino había llegado tan lejos—, Alí llamó a su casa desde el hotel, con cobro revertido, se lo contó a su padre y los dos lloraron.

Esa noche durmió con sofocones y soñó dos veces con el ridículo. En el primer sueño se torcía el tobillo y tenía que ser sustituido por el cuarto árbitro; en el sueño, el cuarto árbitro era su madre. En el segundo sueño saltaba al campo un espontáneo, le bajaba los pantalones y él quedaba con los genitales al aire frente a las televisiones del mundo.

De cada sueño se despertó con palpitaciones. Pero no soñó nunca, durante la víspera, en dar por válido un gol hecho con la mano. No soñó con que, en la jerga callejera de Túnez, su apellido se convertiría en metáfora jocosa de la ceguera. Por eso ahora dirige el segundo tiempo de ese partido con ganas de que todo acabe pronto.

Lear More 

HERNAN CASCIARI